Revelar/rebelarse.

Etimológicamente, íntimo -“intimus”- significa aquello que habita en el interior, que es profundo o está escondido. En la creación artística, se entiende como la manifestación de aquello que normalmente se encuentra velado, invisible e inaccesible a cualquier persona ajena al autor.

La cámara fotográfica, debido a su fácil acceso y manejabilidad, se convirtió en una herramienta perfecta para representar y dar salida a ese mundo interior. Aquello que en otras épocas había sido considerado menor, o aparentemente banal, se vuelve el foco de atención.

Este tipo de obras que parten de premisas personales, del propio yo, distan sin embargo de ser prácticas despolitizadas. Cuando el discurso artístico se fija en lo subjetivo mostrando la intimidad supone, por ese mismo gesto, una transgresión, una provocación. Se trata pues de un arte intrínsecamente político (a veces también deliberado) alejado de grandes entramados institucionales o partidistas y cercano a políticas de lo cotidiano: pequeños gestos disidentes.

Aprovechando el potencial de lo íntimo, por medio del arte se reactivan perspectivas sociales olvidadas y silenciadas. Lo sensible, las emociones, la representación de uno mismo – características provenientes de la tradición pictórica romántica- se conjugan para ampliar puntos de vista y tratar temáticas devenidas, en muchas ocasiones, tabúes.

En el acto de ser mostrados, el propio cuerpo y el entorno íntimo se convierten en armas y escenarios de esta rev/belación: es en la libertad de la intimidad (de lo sensible) donde surge la protesta. Los artistas se representan, ya sea de manera directa en los autorretratos o, de manera metafórica, a partir de los demás –familiares, amigos- y a través de espacios u objetos que llamamos íntimos. No hay que olvidar que a la acepción de la palabra “representación”, que indica mostrarse en sentido literal (y metafórico), se le debe añadir su significado político en el sentido jurídico de defenderse, sostenerse. Así, en el arte occidental de los años sesenta y setenta surgieron nuevas prácticas en torno a lo personal que otorgaron voz a grupos históricamente subalternos: las mujeres, entre otros, se adueñaron de su propia representación dejando de ser el sujeto de representación de los otros (escritores, pintores, y artistas en general).

Es en aquella época, en plena opresión de la dictadura franquista, cuando surgen las primeras obras de Esther Ferrer, basadas en el rechazo de cualquier forma de opresión. La artista se adentra en el mundo del arte a partir de la performance, una práctica que le permite tomar el control de la representación reapropiándose de su cuerpo pero distanciándose de su propio yo. La exposición que acoge el BAFFEST muestra diez autorretratos de diferentes épocas -desde 1986 hasta 2013- donde la artista muestra su rostro en diferentes actitudes y transformaciones. Tanto el cuerpo como el rostro son los signos inequívocos de la representación de la individualidad y además, señalan la frontera entre la interioridad y la exterioridad de uno mismo. En sus autorretratos, Ferrer se reinterpreta, se modifica, se desfigura, se oculta o se disfraza, haciendo evidente la multiplicidad del yo. Es un ejercicio de resistencia a la normalización y a cualquier tipo de imposición. La artista investiga sobre el paso del tiempo mostrando el envejecimiento a través del cuerpo femenino, al mismo tiempo que lo reivindica en su edad madura. De la misma manera, al igual que ocurre en numerosos trabajos donde la presencia del cuerpo propio es protagonista, las referencias a la muerte en la obra de Ferrer son constantes y, a veces, directas como en el caso de la fotografía “La artista y la muerte” (1999), donde se observa a la autora detrás de las radiografías de sus propias manos.

La dualidad presencia/ausencia anunciada en la obra de Ferrer, se encuentra también en el proyecto Where Mimosa Bloom (2014) de Rita Puig-Serra Costa, expuesto en la intimidad del paseo El Regato de Barakaldo. Se trata de un trabajo que gira en torno a la ausencia de la madre de la artista. El dolor lleva a Puig-Serra a rememorar a su madre y así rendirle homenaje, a partir de un conjunto de fotografías: retratos familiares, objetos y paisajes que resisten a la muerte y al olvido. Imágenes que hablan de la relación entre ambas y revelan, por un lado, la capacidad de los objetos para albergar la memoria personal y, por otro, el poder evocador de la fotografía para traer al presente experiencias y sentimientos del pasado. Una caja que guarda dientes de leche, una urna funeraria, un autorretrato, la primera página de un diario de su madre o una mimosa en flor; imágenes que multiplican las posibilidades simbólicas de la fotografía. La autora reivindica la necesidad del duelo en una obra delicada y sincera donde el sentimiento de amor prevalece, sin embargo, por encima de la angustia y el desconsuelo.

 

Sofía Ayarzagoitia en Every night temo ser la dinner (2016) crea un diario íntimo a través de las emociones experimentadas en su estancia en Europa. Esta artista mexicana se adentra en el barrio madrileño de Lavapiés atraída por una cultura de la que se siente ajena. Poco a poco, acaba formando parte de un universo masculino del que dan cuenta los once capítulos que componen el libro y que corresponden a once encuentros con diferentes hombres. Las fotografías resultan incómodas porque nos permiten observar comportamientos íntimos, situaciones que, a priori, forman parte del ámbito privado. La cercanía con la que la autora realiza las imágenes refleja la empatía y el compromiso con el retratado pero, a su vez, los protagonistas generan inquietud, al mostrarnos, con crudeza, una realidad desconocida y acallada. La luz del flash de la cámara es el hilo conductor de este relato autobiográfico visual que tiene como escenarios principales interiores sobrios y descuidados y descampados bañados por la oscuridad de la noche. A través de la torsión de los cuerpos desnudos, los colores vibrantes de las telas o la violencia desprendida de algunas de las imágenes, Ayarzagoitia refleja los sentimientos vividos durante aquellas noches en las que, en ocasiones, temía ser la “dinner”.

 

Desde una perspectiva distinta, Pauline Fargue construye, desde hace más de quince años, diarios personales no lineales donde manipula a su antojo imágenes y textos. La artista, sin embargo, no intenta realizar una narración de su vida sino que, partiendo de una mirada subjetiva, trata de recopilar diferentes interpretaciones y experiencias del mundo de una forma simple y versátil. Fargue traslada la emoción a la fotografía utilizando un lenguaje poético. Del trabajo titulado L’onde (2017) expuesto en BAFFEST, se puede extraer una reflexión sobre el tiempo detenido, el silencio, lo efímero de la vida, representado en esos cuerpos que parecen levitar, en la quietud del agua o en la naturaleza que asoma bajo esa misma agua. La ligereza formal de las imágenes contrasta con la profundidad emocional que transmiten. Además, en la obra de Fargue, la instalación adquiere una especial atención. En Barakaldo, las imágenes están expuestas en paneles de dos metros de largo –colocadas sobre el césped de la Escuela de Idiomas. De esta manera, la autora trata de romper la distancia tradicional entre la obra y el espectador. La obra, se enuncia desde una subjetividad despersonificada que nos habla del mundo, se inscribe en el espacio para formar parte de él, eludiendo presentarse frente al espectador como una subjetividad autónoma e invitándole a reinterpretarla en su nuevo contexto.
La última exposición corresponde al proyecto Behind Blue Eyes (2016) donde Helena Goñi, a partir de la mirada subjetiva ahonda en temáticas universales, como la importancia de la identidad colectiva. Se trata de un acercamiento a sus amigos, a su entorno cercano. La autora, tras pasar unos años en Londres, se reencuentra con la ciudad de Bilbao y sus alrededores, desde donde analiza y desvela el contexto sociocultural frágil y precario que le ha tocado vivir. Behind Blue Eyes es un proyecto multidisciplinar que incluye, además de fotografías -como se puede ver en el Parque los Hermanos-, vídeo y escultura, resultado, ésta última, de una performance colectiva activada por la artista a través de la música y su capacidad para generar encuentros, otro de los hilos conductores del proyecto. Goñi revela una juventud que se rebela tímidamente contra lo normativo y estándar, conjugando la diversión propia de su edad con el inconformismo y la protesta contra lo establecido. La ternura que se desprende de las relaciones entre los retratados, los cuerpos que se entrelazan, reposan, se tocan, bailan -gestos que transmiten la necesidad del contacto, la complicidad y la comprensión-, choca con el contexto desprotegido, aunque edulcorado por el establishment, que la artista representa y denuncia en primera persona.

 

Las cinco exposiciones que acoge la II edición de BAFFEST, bajo el título “Revelar/rebelarse”, presentan diferentes aproximaciones a la manera de afrontar conflictos y emociones propias. Las artistas, desde varios puntos de vista, dibujan la cartografía de un mapa subjetivo repleto de caminos opuestos, reinterpretados, plagado de testimonios emocionales, denuncias y contradicciones. Una recopilación de impulsos materializados en reflexiones, porque el espacio personal que genera el arte permite la observación, la construcción de uno mismo y la transformación del pensamiento, de una manera que intenta alejarse de las imposiciones socioculturales.

 

Revelar/rebelarse.

Etimologikoki, barnekoak – ̈intimus ̈- esan nahi du barnean bizi dela, sakona dela edo ezkutatuta dagoela. Sorkuntza artistikoa, normalean egilea ez den edozein pertsonarentzat belatua, ikusezin eta eskuraezin den adierazpentzat jotzen da.

Argazki-kamera, sarbide eta erabilera erraza duenez, tresna bikaina bilakatu zen barneko mundua irudikatzeko eta abiatzeko. Beste garai batzuetan txikiagotzat jo izan zena, edo itxuraz hutsala, arreta-foku bihurtu da.

Obra mota horiek, premisa pertsonaletatik, norberarenetatik abiatzen direnak, hala ere, praktika despolitizatuak izatetik urrun daude. Diskurtso artistikoak, subjektiboa denan finkatzen denean intimitatea erakutsiz, haustea, probokazioa dakar. Beraz, intrintsekoki politikoa den artea da (batzuetan, propio egindakoa ere bada), erakunde edo partiduen egitura konplexuetatik urrun dagoena, eta eguneroko politiketatik hurbil dagoena: keinu txiki disidenteak.

Intimoa denak duen indarra aprobetxatuz, artearen bidez ahaztutako eta isildutako ikuspuntu sozialak suspertzen dira. Sentikorra dena, emozioak, norberaren irudikapena – tradizio piktoriko erromantikotik datozen ezaugarriak – elkartzen dira ikuspuntuak handitzeko eta, askotan, tabu bihurtzen diren gaiak lantzeko.

Norbere buruak erakusteko ekintzan, gorputza bera eta inguru intimoa ̈errebelazio/kontra egite ̈ horren arma eta agertoki bihurtzen dira: (sentikorra denaren) intimitatearen askatasunean sortzen da protesta. Artistek norbere burua irudikatzen dute, zuzenean autorretratuetan edo, metaforikoki, besteetatik abiatuz – senideak, lagunak – eta intimo deritzegun espazio edo objektuen bidez. Ez dugu ahaztu behar, ̈irudikapena ̈ hitzaren adierari, hitzez- hitz (eta metaforikoki) norbere burua erakustea adierazten duenari, bere esanahi politikoa gehitu behar zaiola, norbere burua defendatzearen, norbere burua eustearen, zentzu juridikoan. Hala, 60ko hamarkadaren mendebaldeko artean, praktika berriak sortu ziren, pertsonala denaren inguruan, historikoki mendeko izandako taldeei ahotsa emateko: emakumeak, besteak beste, norbere irudikapenaren jabe egin ziren besteen (idazleak, margolariak, eta artistak, orokorrean) irudikapen-subjektu izateari utziz.

Garai hartan, diktadura frankistaren zapalkuntza bete-betean zegoenean, Esther Ferrerren lehenengo obrak sortu ziren, edozein zapalkuntza modu errefusatzean oinarritutakoak. Artista artearen munduan sartzen da performancetik abiatuz, irudikapena kontrolatzea ahalbidetzen diona, bere gorputzaz birjabetuz, bainanorbere ́ni ́-tik aldenduz. BAFFESTek hartzen duen erakusketak garai desberdinetako hamar autorretratu erakusten ditu -1986tik 2013ra-. Bertan, artistak bere aurpegia erakusten du hainbat jarrera eta transformaziotan. Bai gorputza, bai aurpegia banakotasunaren irudikapenaren zeinu nabariak dira, eta, gainera, norberaren barnekotasunaren eta kanpokotasunaren arteko muga adierazten dute. Bere autorretratuetan, Ferrerrek bere burua berrirudikatzen, desitxuratzen, ezkutatzen edo mozorrotzen du, ́ni ́-aren anizkoiztasuna nabarmenduz. Normalizazioarekiko eta edozein inposiziorekiko erresistentzia ariketa bat da. Artistak denboraren iragateaz ikertzen du zaharkitzea erakutsiz emakumezkoaren gorputzaren bidez, aldi berean, bere helduaroan aldarrikatzen duena. Modu berean, norbere gorputza protagonista duen hainbat lanetan gertatzen den moduan, heriotzarekiko erreferentziak Ferrerren obran etengabeak dira, eta, batzuetan, zuzenak, La artista y la muerte (1999) argazkiaren kasuan, adibidez. Bertan, egilea bere eskuen erradiografien atzean ikusten da.

BAFFESTeko II. edizioak hartzen dituen bost erakusketek, “Revelar/rebelarse” izenburupean, norbere istiluei eta emozioei aurre egiteko hurbilketak aurkezten dituzte. Artistek, hainbat ikuspuntutatik, kontrako, berrinterpretatutako, lekukotasun emozional, salaketa eta kontraesanez jositako bideez betetako mapa subjektibo baten kartografia marrazten dute. Hausnarketetan hezurmamitutako bultzaden bilduma, arteak sortzen duen espazio pertsonalak ahalbidetzen duelako behaketa, norbere burua eraikitzea eta pentsamendua eraldatzea, inposaketa soziokulturalez urruntzen saiatzeko moduan.

Érika Goyarrola.

Comisaria BAFFEST 2017